¿Se dirige la economía de Israel hacia un colapso a medida que se prolonga la guerra en Gaza?

¿Se dirige la economía de Israel hacia un colapso a medida que se prolonga la guerra en Gaza?
Dionysis Partsinevelos
27 ago 2024, 12:42 P. M.
  • La economía de Israel ha sufrido una grave recesión, con una contracción del PIB del 19,4% en el último trimestre de 2023.
  • La caída de la productividad, las quiebras empresariales y las rebajas de la calificación crediticia están hundiendo la economía del país.
  • Se está produciendo un éxodo masivo de capital humano mientras otros países piden que se impongan sanciones.

El actual conflicto entre Israel y Hamás, que estalló el 7 de octubre de 2023, ha tenido un costo trágico no sólo en vidas humanas sino también en la economía de Israel.

Mientras la guerra continúa sin un final claro a la vista, la estabilidad financiera de Israel se tambalea al borde del abismo.

La combinación de operaciones militares prolongadas que perturbaron la vida cotidiana y detuvieron las actividades económicas ha dejado al país al borde del colapso económico.

Esta situación es un duro recordatorio de cómo los conflictos actuales pueden devastar la economía de una nación y amenazar su estabilidad y prosperidad futuras.

Una nación bajo asedio

Inmediatamente después de los ataques del 7 de octubre, Israel movilizó a 300.000 reservistas, alejando a una parte significativa de su fuerza laboral de sus trabajos y negocios.

Si bien es necesario para la defensa nacional, este llamado masivo ha intensificado la crisis económica de Israel, paralizando la productividad del país.

Con cientos de miles de ciudadanos repentinamente ausentes de la fuerza laboral, la productividad se desplomó, lo que llevó a una fuerte contracción del PIB de Israel.

A fines del cuarto trimestre de 2023, la economía se había contraído un alarmante 19,4% en términos anualizados, una caída mucho más pronunciada de lo que nadie había anticipado.


Fuente: Financial Times

Las consecuencias económicas se vieron agravadas aún más por la evacuación de más de 120.000 israelíes de zonas cercanas a las fronteras norte y sur, lo que perturbó las comunidades y las economías locales.

Las restricciones impuestas a los trabajadores palestinos de Cisjordania, que desempeñan un papel crucial en el sector de la construcción de Israel, provocaron una escasez de mano de obra que paralizó los proyectos y frenó aún más el crecimiento económico.

Mientras el gasto gubernamental se disparó un 88% en los últimos meses de 2023 para apoyar los esfuerzos militares y a los ciudadanos desplazados, el gasto del consumidor, un componente vital de la actividad económica, se desplomó un 27%.

Esta combinación de gastos crecientes y caída de ingresos preparó el terreno para una crisis económica profunda y prolongada.

El principio del fin: repercusiones globales

El impacto total del conflicto en las finanzas del país quedó al descubierto en febrero de 2024, cuando Moody's rebajó la calificación crediticia soberana de Israel de A1 a A2.

La rebaja fue una clara señal de advertencia, que refleja las crecientes preocupaciones sobre la capacidad de Israel para gestionar su creciente deuda y mantener la estabilidad económica en medio del conflicto en curso.

Poco después, Fitch siguió su ejemplo y redujo la calificación de la deuda a largo plazo de Israel de A+ a A con perspectiva negativa, citando la continua guerra, el aumento de los riesgos geopolíticos y una creciente relación deuda/PIB que había superado el 70%.

Este verano ha puesto de relieve que el turismo, un importante contribuyente a la economía de Israel, prácticamente se ha derrumbado desde el inicio de la guerra.

El sector, que generaba miles de millones de dólares al año, ha sido diezmado y los visitantes internacionales evitan acudir a un país sumido en un conflicto.

Según el periódico hebreo Maarivover, más de 46.000 empresas han quebrado, mientras que las inversiones extranjeras, que ya habían disminuido un 60% en el primer trimestre de 2023 debido a las políticas de extrema derecha del gobierno de Israel, no muestran signos de recuperación.

La mayor parte del dinero invertido en los fondos de inversión israelíes se está desviando rápidamente hacia inversiones en el extranjero porque los israelíes no quieren que sus propios fondos de pensiones, fondos de seguros o sus ahorros estén vinculados al destino del Estado de Israel.

Ahora bien, esos cierres de empresas pueden ser solo el comienzo. Según una estimación citada por The Times of Israel, se espera que cierren hasta 60.000 empresas antes de que termine 2024.

La confianza de los inversores, ya debilitada por el prolongado conflicto, sufrió un nuevo revés. El coste de los préstamos para Israel aumentó, lo que complicó los esfuerzos para financiar la guerra y otros gastos gubernamentales.

Las garantías del primer ministro Benjamin Netanyahu de que la economía se recuperaría una vez ganada la guerra hicieron poco para aliviar las preocupaciones, en particular porque el conflicto no mostraba señales de terminar.

Las rebajas pusieron de relieve la realidad de que incluso una nación con una economía históricamente fuerte podría enfrentarse a graves dificultades financieras si se ve arrastrada a un conflicto prolongado y costoso.

El peor escenario posible: la estanflación

A mediados de 2024, ya estaba claro que la economía de Israel estaba teniendo dificultades para recuperar su equilibrio.

El segundo trimestre del año registró un crecimiento de apenas 1,2% del PIB, muy por debajo de las expectativas de los analistas e insuficiente para compensar las fuertes pérdidas sufridas en los meses anteriores.

Este lento crecimiento puso de relieve la profundidad del daño económico infligido por la guerra.

Los problemas de oferta, en particular la persistente escasez de trabajadores palestinos que habían sido cruciales para el sector de la construcción, siguieron obstaculizando la recuperación económica.

Fuente: Tradingeconomics

La inflación, que había estado relativamente controlada en las primeras etapas del conflicto, también comenzó a aumentar.

Para julio de 2024, la tasa de inflación había subido al 3,2%, superando el rango objetivo del gobierno y añadiendo otra capa de complejidad a los desafíos económicos de Israel.

El Banco de Israel se encontró en una posición difícil, incapaz de recortar las tasas de interés para estimular el crecimiento debido a las persistentes tensiones geopolíticas y las crecientes presiones sobre los precios.

Fuente: Tradingeconomics

El “código rojo” de Israel

El costo financiero del conflicto en curso es asombroso. Según estimaciones de economistas israelíes, la guerra ya le ha costado al país más de 250.000 millones de NIS (67.300 millones de dólares).

Se espera que esta cifra aumente a medida que se prolongue el conflicto, y el sistema de defensa israelí busca un aumento anual adicional de al menos 20.000 millones de NIS (5.390 millones de dólares) sólo para sostener las operaciones militares.

Este nivel de gasto se está acercando a niveles “sobrecalentados”, y el déficit presupuestario aumentó recientemente a un insostenible 8,1% del PIB, lo que ha provocado llamados urgentes a una reforma fiscal.

El gobernador del Banco de Israel, Amir Yaron, tomó la inusual medida de instar públicamente al primer ministro Netanyahu a implementar cambios permanentes en el presupuesto estatal.

En una carta al Primer Ministro, Yaron destacó la necesidad de un ajuste de 30.000 millones de NIS (8.000 millones de dólares) para abordar la creciente brecha fiscal y mantener la credibilidad de Israel en los mercados financieros internacionales.

La petición de Yaron puso de relieve la gravedad de la situación económica. El gasto militar siguió aumentando, no se vislumbra un fin del conflicto y sigue sobre la mesa el riesgo de una guerra regional más amplia que involucre a Irán y Hezbolá.

A pesar de estas crecientes presiones, el gobierno israelí parecía reacio a tomar las medidas necesarias, pero políticamente sensibles, para estabilizar la economía.

La vacilación a la hora de recortar el gasto discrecional o aumentar los impuestos reflejaba un cálculo político más amplio: Netanyahu podría evitar medidas impopulares que podrían alejar a bases electorales clave.

Esta inacción sólo profundizó la crisis económica, dando lugar a especulaciones de que el gobierno podría estar retrasando deliberadamente las reformas presupuestarias para evitar una reacción interna o preparar el terreno para elecciones anticipadas.

El éxodo masivo podría amenazar la identidad de la nación

Más allá del impacto económico inmediato, Israel enfrenta un problema a largo plazo potencialmente más dañino: el fenómeno de la fuga de cerebros.

Israel se ha enorgullecido durante mucho tiempo de ser una “nación de empresas emergentes”, con un próspero sector de alta tecnología que ha impulsado gran parte del éxito económico del país.

Sin embargo, el prolongado conflicto y las sombrías perspectivas económicas están impulsando a un número cada vez mayor de israelíes con un alto nivel educativo a considerar la emigración.

Una rápida mirada a lo largo de la historia nos muestra que países como Grecia, Jamaica, India y Pakistán han sufrido este mismo fenómeno.

Estos países aún están lidiando con las consecuencias de que su fuerza laboral más calificada abandone el país debido a diversas dificultades económicas.

Estudios recientes han demostrado que estos expatriados rara vez regresan a su país de origen.

Este posible éxodo de talentos supone una amenaza importante para el futuro de Israel. La industria de alta tecnología, que representa una parte sustancial del PIB del país y ha sido un motor clave de la innovación y el crecimiento económico, depende en gran medida de una fuerza laboral pequeña y altamente calificada.

Si este grupo de talentos comienza a disminuir, Israel podría enfrentar un dramático descenso en su capacidad para mantener su posición como líder mundial en tecnología e innovación.

La frase “de nación emergente a nación cerrada”, acuñada por el movimiento BDS, captura perfectamente el riesgo muy real de que Israel pueda ver su motor económico apagarse si la fuga de cerebros se acelera.

Una disminución de la reserva de talentos podría llevar a una disminución de la investigación y el desarrollo, una menor inversión extranjera y una desaceleración en la creación de nuevas empresas e industrias.

Con el tiempo, esto podría erosionar la ventaja competitiva de Israel en la economía global, conduciendo a menores tasas de crecimiento y a una disminución del nivel de vida.

Los efectos a largo plazo podrían ser devastadores, no sólo para la economía sino también para la capacidad de Israel de mantener su superioridad tecnológica y militar en una región, así como para los posibles cambios demográficos.

Capítulo final: Aislamiento

Otro problema crítico al que se enfrenta Israel es la posibilidad de que se incrementen las sanciones internacionales.

Si bien Israel ha gozado durante mucho tiempo del fuerte apoyo de sus principales aliados occidentales, en particular Estados Unidos, el prolongado conflicto y el elevado número de víctimas civiles en Gaza han provocado una creciente condena internacional.

Los pedidos de sanciones contra Israel son cada vez más fuertes, especialmente desde algunos sectores de Europa y dentro de organizaciones internacionales como las Naciones Unidas.

La imposición de sanciones podría tener un impacto devastador en la ya frágil economía de Israel.

La historia reciente ofrece claros ejemplos de cómo las sanciones pueden paralizar a una nación, como Irán y Rusia.

Las consecuencias de tales sanciones podrían fácilmente ser una caída de la moneda, hiperinflación, una contracción a largo plazo del PIB y una marcada disminución del nivel de vida de los ciudadanos.

Si Israel tuviera que enfrentarse a sanciones similares, particularmente en forma de restricciones comerciales o aislamiento financiero, el impacto sería nada menos que catastrófico.

La economía del país está fuertemente integrada al mercado global, particularmente a través de su sector tecnológico, que depende de inversiones y asociaciones internacionales, así como de sus exportaciones de energía, que dependen de fuertes relaciones comerciales.

Los acontecimientos recientes han dado señales de advertencia de que es probable que esta situación se materialice más pronto que tarde. Por ejemplo, la red eléctrica de Israel, que en gran medida ha pasado a utilizar gas natural, todavía depende del carbón para satisfacer la demanda.

El mayor proveedor de carbón a Israel es Colombia, que anunció que suspendería los envíos de carbón a Israel mientras durara la guerra.

Las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán si Israel puede estabilizar su economía y asegurar su futuro, o si se enfrentará a un futuro en el que los pilares mismos de su éxito económico –la innovación, el talento y la competitividad global– se vean erosionados.

El camino por delante está plagado de incertidumbre, pero está claro que sin una acción decisiva, Israel podría encaminarse hacia un período de agitación económica y social sin precedentes.