La desaceleración económica de Alemania: ¿otra vez el enfermo de Europa?

La desaceleración económica de Alemania: ¿otra vez el enfermo de Europa?
Dionysis Partsinevelos
03 sept 2024, 12:34 P. M.
  • La desaceleración económica de Alemania se caracteriza por una inversión insuficiente, un bajo crecimiento y una fuerza laboral cada vez más envejecida.
  • Las políticas energéticas del país en los últimos años han sido equivocadas y han tenido costos severos.
  • La estrategia geopolítica de Alemania genera preocupaciones sobre su futura estabilidad e influencia en Europa.

Alemania, que en su día fue el motor económico de Europa, se enfrenta hoy a una grave recesión.

La economía del país atraviesa un momento difícil, marcado por un crecimiento lento, una fuerza laboral cada vez menor, decisiones controvertidas y desafíos estructurales que amenazan su reputación y su estabilidad a largo plazo.

Como es la mayor economía de Europa, las dificultades de Alemania no son sólo una preocupación nacional, sino que tienen implicaciones significativas para todo el continente.

¿Es Alemania el “enfermo de Europa” o hay esperanza en el horizonte?

Una economía “vieja” y en desaceleración

La verdad está a la vista: la economía alemana ha atravesado dificultades durante los últimos años.

Fue el único país del G7 que se contrajo en 2023 y se espera que crezca solo un 0,2% en 2024, el más lento entre sus pares.

Este lento desempeño es una señal de problemas más profundos que se han ido acumulando durante años.

La fuerza laboral del país se está reduciendo y se espera que la población en edad de trabajar (aquellos entre 15 y 64 años) disminuya un 1% anualmente durante el próximo medio decenio.

Esta tendencia demográfica, sumada a un bajo crecimiento de la productividad (menos del 1% en los últimos años), ha fijado un estándar bajo para la expansión económica.

La fuerza laboral de Alemania no sólo se está reduciendo, sino que también trabaja menos horas que en cualquier otro país de la OCDE, lo que agrava el problema de la productividad.

Además, los niveles de inversión pública de Alemania son alarmantemente bajos. Entre 2018 y 2022, la inversión pública promedió apenas el 2,3% del PIB, una de las más bajas entre los países de altos ingresos, lo que limita aún más el potencial de crecimiento del país.

Esta falta de inversión es evidente en la envejecida infraestructura del país, que no logró satisfacer las expectativas de los fanáticos del fútbol europeo que llegaron a Alemania este verano, destruyendo prejuicios positivos que se habían mantenido durante mucho tiempo sobre el sistema de transporte del país.

Los ciudadanos llevan mucho tiempo quejándose de viajes cancelados, llegadas y salidas retrasadas y poco mantenimiento de la infraestructura, y consideran que la otrora elogiada “Deutsche Bahn” es simplemente poco fiable.

Ecologismo equivocado

La decisión de Alemania de cerrar sus plantas de energía nuclear, incluso en medio de una crisis energética, refleja un ambientalismo orientado al decrecimiento que ha resultado contraproducente.

Esto ha dejado al país más dependiente de fuentes de energía intensivas en carbono y de importaciones costosas, lo que socava su transición verde.

Además, estas plantas no sólo eran fuentes de energía sin emisiones de carbono, sino que también eran cruciales para reducir la dependencia de Alemania del gas natural ruso.

Con su cierre, Alemania se enfrenta ahora a una crisis energética, que la obliga a realizar fuertes inversiones en plantas de gas natural que emiten carbono para llenar el vacío dejado por la energía nuclear.

Esta medida ha aumentado la vulnerabilidad de Alemania a los shocks energéticos, especialmente dado el volátil panorama geopolítico tras la invasión rusa de Ucrania.

Errores geopolíticos y estratégicos

La estrategia geopolítica de Alemania también ha sido objeto de escrutinio. El país ha tardado en aumentar su presupuesto de defensa, pese a las crecientes amenazas a la seguridad en Europa.

Aunque Alemania se comprometió a convertirse en el "arsenal de la democracia" de Europa, su gasto de defensa no ha seguido el ritmo de esas promesas.

De hecho, según Politico, el gobierno alemán anunció recientemente una congelación de la nueva ayuda militar a Ucrania, redirigiendo fondos a otras prioridades internas.

Esta decisión ha suscitado preocupaciones sobre el compromiso de Alemania con la seguridad europea, particularmente ante una posible agresión rusa si Ucrania cae.

Además, los vínculos económicos de Alemania con China se han convertido en un punto de discordia.

A pesar de las advertencias del gobierno sobre los riesgos de una dependencia excesiva del mercado chino, las empresas alemanas, especialmente en el sector automovilístico, han seguido invirtiendo en China.

Esta estrategia "En China, para China", donde las empresas reinvierten las ganancias obtenidas en China en el país, ha llevado a una caída de las exportaciones de Alemania a China, uno de los pocos puntos brillantes de su economía después de la crisis de principios de la década de 2010.

El entorno político en Alemania también es problemático, con un sistema político fragmentado que dificulta la implementación de las reformas necesarias.

El gobierno de coalición del canciller Olaf Scholz está dividido en cuestiones clave como los impuestos, la inversión pública y la regulación, lo que lleva a un estancamiento del progreso.

Los índices de aprobación del gobierno son bajos y el partido populista de extrema derecha Alternativa para Alemania está ganando popularidad, lo que aumenta aún más el miedo y la incertidumbre que rodean a la nación.

Un modelo económico en decadencia

El modelo económico alemán, que en su día se consideró un éxito, ahora muestra signos de tensión. Históricamente, el país ha dependido de su sector manufacturero y de sus exportaciones para impulsar el crecimiento.

Sin embargo, el cambio global hacia los servicios, junto con el fin de la era de la globalización y el creciente proteccionismo, han golpeado duramente a la economía alemana, dependiente de las exportaciones.

Además de esto, la estrategia recientemente adoptada por China de copiar y reemplazar la tecnología alemana ha minado el sector manufacturero de Alemania, ya que el comercio global se ha desacelerado y China ahora se ha convertido en un competidor.

A estos problemas se suma la resistencia de Alemania a adoptar tecnologías digitales, dejándola atrás en la economía digital global.

A pesar de ser la mayor economía de Europa, el papel de Alemania en el sector digital sigue siendo insignificante, lo que amenaza aún más su competitividad en el escenario mundial.

Tiene pocas empresas de software importantes, un sector de investigación y desarrollo estancado y un mercado inmobiliario obstaculizado por una regulación excesiva. La burocracia del país también está anquilosada, lo que ralentiza procesos vitales como la construcción y la adopción de tecnologías.

El camino a seguir de Europa

La situación actual de Alemania es el resultado de una combinación de choques externos y heridas autoinfligidas.

La renuencia del país a aumentar la inversión pública, adoptar la transformación digital y adaptarse a la dinámica global cambiante lo ha dejado vulnerable al estancamiento económico.

Además, su política energética, su estrategia de defensa y su excesiva dependencia de China han suscitado preocupaciones sobre su estabilidad y su influencia a largo plazo en Europa.

Para evitar un mayor deterioro, Alemania debe afrontar estos desafíos de frente. Aumentar la inversión pública, en particular en infraestructura y educación, es esencial para impulsar la productividad y apoyar el crecimiento a largo plazo.

Adoptar tecnologías digitales y reducir la burocracia puede ayudar a modernizar la economía y mejorar su competitividad global.

Además, un enfoque más estratégico de la política energética y el gasto de defensa garantizaría la seguridad nacional y reduciría la dependencia de mercados extranjeros volátiles.

La actual desaceleración económica en Alemania ha suscitado preocupaciones sobre la salud general de la economía europea, lo que podría pesar mucho sobre el euro.

El Banco Central Europeo (BCE) ya ha señalado un cambio hacia un ciclo de recorte de tasas, una medida que normalmente tiene como objetivo estimular el crecimiento.

Sin embargo, si el estancamiento económico de Alemania persiste, esto podría tener el efecto contrario y llevar a los inversores europeos hacia mercados más robustos como el de Estados Unidos.

El futuro de Alemania como líder económico de Europa está en juego. Ahora que Estados Unidos se aleja de su liderazgo tradicional en materia de seguridad europea, Alemania debe estar a la altura de las circunstancias.

Si no se adoptan medidas decisivas, Europa corre el riesgo de volverse vulnerable a las amenazas externas, en particular las de Rusia. El liderazgo alemán, tanto en el plano económico como en el militar, es esencial para salvaguardar la estabilidad y el futuro de Europa.

Es hora de que Alemania deje de “perder el tiempo” y adopte medidas decisivas.